Cuando te cuesta aceptar lo que pasó

Hay cosas que no podemos cambiar y, aun así, una parte de nosotras continúa negociando con ellas. Si hubiera sucedido de otra manera, si aquella persona hubiera reaccionado distinto, si yo hubiera sabido entonces lo que sé ahora, si hubiera llegado antes, si no hubiera ocurrido aquello. Podemos conocer perfectamente los hechos y seguir construyendo versiones alternativas de la historia porque aceptar que algo ocurrió no es lo mismo que saber que ocurrió. Hay pérdidas que no tienen reparación, decisiones que no podemos deshacer, personas que no van a darnos la explicación que necesitamos, injusticias que nunca serán reconocidas y etapas de nuestra vida que no podremos recuperar. Ante eso, la palabra aceptación puede incluso molestarnos, porque a veces se utiliza como si aceptar significara estar de acuerdo, perdonar, resignarse o conseguir que algo deje de doler. Los Recorridos de Sanación del Campus Lolita no parten de esa idea. El Relato Sanador no intenta convencerte de que aquello que pasó estuvo bien ni de que tengas que encontrarle un sentido. Utiliza la escritura guiada para ayudarte a mirar qué ocurrió, qué habrías necesitado que ocurriera, qué sigues esperando todavía de esa historia y qué parte de tu presente continúa conversando con una posibilidad que ya no existe. Porque quizá aceptar no sea dejar de desear que hubiera sido diferente. Quizá sea poder reconocer que fue como fue sin permitir que toda nuestra vida tenga que seguir organizada alrededor de la pregunta de cómo habría sido si no hubiera ocurrido.

Un Relato Sanador dura tres meses porque algunas verdades necesitan tiempo para poder ser miradas sin que nadie nos obligue a llegar rápidamente a una conclusión. Es un recorrido íntimo y autónomo, nadie interpreta tus textos y no necesitas saber escribir ni convertir tu experiencia en literatura. Utilizamos el lenguaje para que puedas leerte, distinguir lo que sucedió de todo aquello que has ido construyendo alrededor y encontrar palabras propias para una historia que quizá durante mucho tiempo solo has podido contar desde el dolor, la rabia, la culpa o la impotencia. Si hay algo que sabes que no puedes cambiar pero todavía no encuentras una manera de colocarlo dentro de tu vida, puedes hacer el test para encontrar tu camino de sanación y descubrir qué recorrido puede acompañarte ahora. Esta manera de mirar aquello que nos ocurre forma parte también del Relato Social, legado del Campus, y del Compromiso del Relato Sanador, porque aceptar una realidad nunca debería significar aceptar como inevitables la violencia, la desigualdad o las injusticias que todavía pueden transformarse. Hay cosas que no podemos cambiar y otras que no debemos dejar de intentar cambiar. Aprender a distinguirlas también forma parte de nuestra historia. Aceptar lo que pasó puede significar dejar de exigirle al pasado una reparación que ya no puede darnos y preguntarnos qué necesitamos hacer nosotras con esa historia ahora. No para olvidarla. No para decir que estuvo bien. Sino para conseguir que aquello que ya no puede cambiar deje de decidir también todo lo que todavía puede hacerlo.

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