Hay personas para quienes quedarse solas unas horas es descanso y otras para quienes el silencio empieza enseguida a pesar. Buscamos a alguien a quien escribir, ponemos la televisión, miramos el teléfono, organizamos planes o encontramos cualquier cosa que hacer para no quedarnos demasiado tiempo únicamente con nosotras mismas. A veces lo que aparece cuando estamos solas es aburrimiento, otras inquietud, tristeza, miedo o una sensación difícil de explicar: como si cuando no hay nadie al otro lado dejáramos de saber muy bien dónde colocarnos. Podemos incluso permanecer en relaciones que ya no queremos, aceptar compañías que no nos hacen bien o llenar todos los espacios disponibles porque la alternativa parece peor. Y quizá entonces nos decimos que somos demasiado dependientes, que deberíamos aprender a disfrutar de nuestra propia compañía o que tenemos que ser capaces de estar solas. Pero estar sola no significa lo mismo para todas. Puede haber personas que crecieron sintiéndose acompañadas y otras para quienes la soledad quedó vinculada muy pronto al abandono, al rechazo, a no ser vistas o a momentos en los que realmente necesitaron a alguien y no lo tuvieron. Los Recorridos de Sanación del Campus Lolita no parten de la idea de que necesitar a otras personas sea una debilidad ni de que sanar consista en no necesitar a nadie. El Relato Sanador utiliza la escritura guiada para que puedas preguntarte qué significa para ti estar sola, qué aparece cuando se acaba el ruido, qué historias recuerdas, qué temes que ocurra y cómo es la voz con la que te encuentras cuando no estás conversando con nadie más. Porque quizá aprender a estar sola no consista en acostumbrarte a no tener a nadie, sino en descubrir que cuando estás contigo también hay alguien.
Durante tres meses, un Relato Sanador propone una conversación íntima y autónoma contigo misma. Nadie interpreta tus textos ni decide cuánto deberías necesitar a las demás, y no necesitas saber escribir ni querer hacer literatura. Utilizamos el lenguaje precisamente para construir un espacio donde puedas escucharte sin tener que responder inmediatamente a las expectativas, necesidades u opiniones de otra persona. Si la soledad te pesa, si buscas constantemente compañía o si hay momentos en los que estar contigo resulta especialmente difícil pero no sabes exactamente por qué, puedes hacer el test para encontrar tu camino de sanación y descubrir qué recorrido puede acompañarte ahora. La soledad tampoco es únicamente una experiencia individual y por eso forma parte del Relato Social, legado del Campus, y del Compromiso del Relato Sanador: vivimos en comunidades que pueden sostener vínculos o romperlos, incluir a las personas o dejarlas aisladas, y no toda soledad puede resolverse aprendiendo a estar bien con una misma. Necesitamos a las demás. Necesitamos vínculos, conversación, cuidado y pertenencia. Aprender a estar sola no significa negar nada de eso. Puede significar conseguir que la ausencia momentánea de otra persona no se convierta inmediatamente en la ausencia de ti misma. Poder buscar compañía porque la deseas y no únicamente porque necesitas escapar de tu propio silencio. Y descubrir, poco a poco, que tu propia voz también puede convertirse en una compañía que reconoces.
