Las primeras páginas de una novela cargan con una responsabilidad enorme. Queremos presentar a los personajes, explicar dónde estamos, situar la época, introducir el conflicto, conseguir que la lectora entienda el mundo del libro y, además, hacer que quiera continuar. Precisamente por intentar cumplir todas esas funciones a la vez muchos principios terminan acumulando demasiada información. Antes de permitir que ocurra algo explicamos quién es la protagonista, cómo fue su infancia, por qué vive donde vive, qué relación tiene con su familia y qué sucedió cinco años antes. Todo puede ser importante, pero quizá todavía no necesitamos saberlo. Empezar una novela no consiste en proporcionar a la lectora toda la información necesaria para comprender la historia, sino en darle la información suficiente para que quiera entrar en ella. Podemos empezar con una pregunta, una situación que se está modificando, una voz que queremos seguir escuchando, un personaje haciendo algo que no comprendemos todavía o una escena aparentemente pequeña que contiene una tensión que irá creciendo. En el Campus Lolita los recorridos de escritura trabajan precisamente esa relación entre lo que sabemos como autoras y lo que necesita saber la lectora. Nosotras podemos conocer veinte años de la vida de un personaje para escribir la primera escena y, sin embargo, decidir que ninguno de esos veinte años aparezca todavía. Saber algo no nos obliga a contarlo inmediatamente. Parte del oficio consiste en aprender cuándo debe entrar cada información y confiar en que la lectora puede avanzar durante un tiempo sin tener todas las respuestas.
También es muy frecuente empezar demasiado pronto. Si la historia trata sobre una mujer que abandona su casa después de treinta años de matrimonio, quizá sentimos que debemos explicar primero cómo llegó hasta allí: cómo conoció a su pareja, cuándo empezaron los problemas, qué ocurrió con sus hijos y por qué tardó tanto en marcharse. Pero puede que la novela empiece precisamente el día en que mete una maleta en el coche. Todo lo anterior podrá aparecer después si realmente lo necesitamos. Encontrar el principio significa descubrir cuál es el primer momento en el que el libro empieza a producir aquello que queremos que produzca. El Recorrido Total de Escritura permite aprender a tomar este tipo de decisiones de manera pautada y comprender cómo el comienzo se relaciona con la estructura, el punto de vista, los personajes, el ritmo y la información. Para quien ya ha hecho un recorrido literario sólido y quiere convertir la escritura en oficio, el Máster del Campus Lolita propone una inmersión mucho más exigente en el trabajo literario. Si quieres escribir pero todavía no sabes qué recorrido corresponde a tu momento, puedes hacer el test para saber cuál es tu camino ahora y empezar por situarte. También puedes consultar las becas del Campus Lolita si necesitas apoyo económico para acceder a la formación.
Y hay algo que puede resultar tranquilizador: no tenemos por qué acertar con el principio cuando empezamos a escribir. Muchas veces solo descubrimos dónde comienza realmente una novela después de haberla terminado. Las primeras treinta páginas pueden haber sido necesarias para que nosotras entráramos en el mundo del libro aunque finalmente la lectora no necesite leerlas. Podemos descubrir que una escena que escribimos mucho después contiene la verdadera puerta de entrada, que el personaje que aparecía en la primera página no debía ocupar ese lugar o que el tono del libro tarda varios capítulos en encontrarse. Entonces volvemos y reescribimos. El comienzo deja de ser una decisión sagrada tomada el primer día y se convierte en una parte más del trabajo. Tampoco necesita contener un acontecimiento espectacular para atrapar. Una lectora continúa cuando algo le importa, cuando existe una pregunta que quiere responder, cuando una voz despierta su curiosidad o cuando siente que debajo de aquello que está viendo hay algo que todavía no comprende. La primera página no tiene que demostrar que sabemos escribir ni resumir todo lo que vendrá después. Tiene que abrir una puerta. Y para saber cuál es esa puerta quizá primero tengamos que recorrer el libro entero, mirar hacia atrás y descubrir, entre todas las páginas que hemos escrito, dónde empieza realmente la historia.
