¿Tengo que planificar?

Una de las primeras dudas cuando queremos escribir una novela es cuánto deberíamos saber antes de empezar. ¿Hay que conocer el final? ¿Tenemos que hacer fichas de todos los personajes? ¿Conviene escribir una escaleta capítulo por capítulo? ¿Es mejor diseñar primero toda la estructura o empezar a escribir y descubrir la historia mientras avanzamos? La respuesta menos cómoda y probablemente más útil es que depende. Hay escritoras que necesitan conocer con bastante precisión el recorrido de una novela antes de escribirla y otras que, si lo conocen demasiado, pierden justamente aquello que las empujaba a escribir. Hay libros que exigen una arquitectura muy pensada desde el principio y otros cuya estructura solo podemos comprender cuando ya existen muchas páginas. El problema no está en planificar ni en no hacerlo, sino en convertir cualquiera de esas maneras de trabajar en una regla universal. Una escaleta puede ser una herramienta extraordinaria si nos ayuda a ver el libro, pero puede convertirse en una cárcel si seguimos obedeciéndola cuando el texto ya nos está mostrando otra cosa. Empezar sin mapa puede abrir posibilidades inesperadas, pero también puede hacernos acumular páginas sin entender hacia dónde estamos avanzando. En el Campus Lolita entendemos que aprender a escribir significa aprender también a descubrir cómo trabaja cada una. Por eso los recorridos de escritura no buscan imponer un método idéntico para construir todas las novelas, sino ofrecer herramientas para que podamos reconocer cuáles necesitamos, cuándo utilizarlas y cuándo ha llegado el momento de abandonarlas.

Planificar una novela tampoco significa necesariamente decidirlo todo antes de empezar. Podemos saber qué conflicto sostiene la historia y desconocer el final, conocer el final y no saber todavía cómo llegaremos hasta él, dibujar una estructura provisional y modificarla después de cincuenta páginas o escribir primero varias escenas para descubrir qué relación existe entre ellas. Lo importante es que las decisiones estén al servicio del texto y no el texto al servicio de un esquema. El Recorrido Total de Escritura permite aprender a trabajar precisamente con esa relación entre intuición, herramientas y criterio, construyendo poco a poco una manera propia de enfrentarse a un proyecto largo. Para quien ya ha recorrido un camino literario sólido y quiere convertir la escritura en oficio, el Máster del Campus Lolita plantea una inmersión mucho más exigente en el trabajo de escribir, leer y reescribir. Si todavía no sabes qué necesitas porque quizá tienes una novela empezada, una idea o simplemente el deseo de aprender, puedes hacer el test para saber cuál es tu camino ahora y situarte antes de escoger un recorrido. También puedes consultar las becas del Campus Lolita si necesitas apoyo económico para acceder a la formación.

La estructura de una novela no es únicamente aquello que decidimos antes de escribirla. También es algo que vamos descubriendo mientras trabajamos. Una escena que parecía secundaria puede revelar que contiene el verdadero centro del libro, un personaje puede crecer mucho más de lo previsto y obligarnos a reorganizar capítulos enteros, o podemos llegar al final y comprender que la novela debería haber empezado cincuenta páginas más tarde. Nada de eso significa que planificar haya sido inútil. Significa que el mapa era provisional, como suelen serlo los mapas cuando estamos entrando en un territorio que todavía no conocemos. Aprender a escribir implica poder convivir con esa movilidad, saber cuándo necesitamos detenernos y pensar la arquitectura del conjunto y cuándo debemos dejar de mirar el plano para volver a entrar en una escena. No hay que escoger para siempre entre ser una escritora que planifica y una escritora que improvisa. Podemos hacer ambas cosas en momentos distintos del mismo libro. La pregunta útil no es «¿cómo se planifica una novela?», sino «¿qué necesito saber ahora para poder seguir escribiendo esta novela?». A veces necesitaremos dibujar toda su estructura. Otras veces necesitaremos escribir cinco páginas para descubrirla. Y aprender a reconocer la diferencia forma parte también del oficio.

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