Reescribir una novela

Terminar el primer borrador de una novela puede producir una mezcla extraña de alivio y desconcierto. Durante meses o años hemos tenido un objetivo muy claro: llegar hasta el final. Y cuando por fin llegamos descubrimos que terminar de escribir la historia no significa necesariamente que el libro esté terminado. Hay personajes que cambiaron mientras escribíamos y cuyas primeras escenas ya no corresponden a quienes son después, decisiones que tomamos en la página veinte y abandonamos en la ciento cincuenta, capítulos enteros que quizá ya no necesitamos y cosas fundamentales que solo comprendimos cuando estábamos llegando al desenlace. Todo eso es normal porque un primer borrador contiene también la historia de cómo hemos aprendido a escribir esa novela. Al principio sabemos mucho menos del libro que al final. Reescribir significa regresar a las primeras páginas con todo lo que ahora sabemos y preguntarnos qué necesita realmente permanecer. No consiste en corregir comas, buscar palabras más bonitas ni pulir cada frase hasta que suene mejor. Eso llegará en otro momento. Primero tenemos que mirar el libro entero. En el Campus Lolita los recorridos de escritura trabajan también esta capacidad de leer el propio texto, porque escribir no termina cuando conseguimos producir páginas. Necesitamos aprender a separarnos suficientemente de ellas para poder preguntarnos qué están haciendo, qué prometen, qué repiten, dónde pierden fuerza y qué libro existe debajo de todo aquello que fuimos probando mientras avanzábamos.

Uno de los mayores obstáculos para reescribir es el esfuerzo que ya hemos invertido. Una escena puede habernos costado una semana y entonces eliminarla parece desperdiciar esa semana. Podemos haber investigado durante meses una parte de la historia y querer conservarla precisamente porque sabemos cuánto trabajo contiene. Pero la lectora no conoce ese esfuerzo. Solo recibe el texto que queda. Reescribir exige aprender a distinguir entre lo que fue necesario para escribir el libro y lo que es necesario para leerlo. A veces necesitamos escribir cincuenta páginas para comprender algo que finalmente podremos contar en cinco, o construir toda la biografía de un personaje para descubrir que la novela solo necesita tres momentos de su vida. El Recorrido Total de Escritura permite desarrollar herramientas y criterio para tomar esas decisiones sin depender únicamente de la sensación de que algo «nos gusta» o «no nos gusta». Para quien ya ha hecho un recorrido literario sólido y quiere convertir la escritura en oficio, el Máster del Campus Lolita propone un trabajo mucho más inmersivo en la escritura, la lectura y la reescritura. Si tienes un manuscrito y no sabes qué tipo de recorrido puede ayudarte en el momento en el que estás, puedes hacer el test para saber cuál es tu camino ahora y empezar por situarte. También puedes consultar las becas del Campus Lolita si necesitas apoyo económico para acceder a la formación.

Reescribir tampoco significa necesariamente mejorar cada página que ya existe. A veces la mejor reescritura consiste en eliminarla. Otras veces tenemos que escribir una escena completamente nueva, cambiar el orden de varios capítulos, mover información, modificar el punto de vista o aceptar que una decisión que sostenía medio libro ya no funciona. Por eso puede resultar mucho más difícil que corregir. Nos obliga a dejar de proteger el manuscrito para empezar a proteger la novela. Y esas dos cosas no siempre son lo mismo. El manuscrito es lo que hemos escrito hasta ahora. La novela es aquello en lo que ese material todavía puede convertirse. Cuanto más aprendemos a distinguirlos, menos miedo da tocar lo que ya existe. Una página eliminada no desaparece del proceso: nos permitió llegar hasta donde estamos. Un personaje que finalmente quitamos pudo ayudarnos a comprender a otro. Una estructura que abandonamos nos mostró por qué necesitábamos una distinta. Nada de ese trabajo fue inútil aunque no llegue a la versión final. Reescribir es aceptar que escribir un libro no consiste únicamente en añadir. También consiste en elegir, desplazar, reducir, volver a mirar y, algunas veces, empezar de nuevo una parte que creíamos terminada. Hasta que llega un momento en el que dejamos de preguntarnos cuánto trabajo nos costó cada página y empezamos a hacer una pregunta mucho más importante: ¿esto es lo que necesita el libro? Cuando podemos responderla con criterio, la reescritura deja de parecer una corrección de nuestros errores y se convierte en lo que realmente es: otra forma, quizá la más profunda, de escribir.

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