Primero construyes los personajes, después defines el conflicto, decides la estructura, colocas los giros y avanzas siguiendo un mapa que debería conducirte hasta el final. Todo eso puede ser útil, pero se vuelve peligroso cuando confundimos las herramientas con las reglas. Porque dos novelas pueden enfrentarse al mismo problema y necesitar soluciones completamente opuestas. Un personaje puede exigir que conozcamos toda su vida antes de escribir la primera escena y otro puede aparecer precisamente mientras escribimos sin saber todavía quién es. Una autora necesita planificar durante meses y otra descubre la historia avanzando. Ninguna escribe mejor por hacerlo de una manera determinada. Lo importante es aprender a reconocer qué necesita cada texto y qué manera de trabajar permite a cada persona tomar mejores decisiones. En el Campus Lolita no creemos en una fórmula que convierta a todas las alumnas en la misma clase de escritora. Nuestros recorridos de escritura están pensados precisamente para que cada persona construya una forma propia de escribir, leer y corregir, porque aprender literatura no consiste en obedecer reglas sino en comprenderlas lo suficiente para decidir cuándo sirven y cuándo necesitamos hacer otra cosa.
El Recorrido Total de Escritura permite hacer ese aprendizaje paso a paso, desde el lugar en el que cada una se encuentre, y convertir poco a poco las decisiones intuitivas en decisiones que también sabemos leer, cuestionar y sostener. Quien ya ha recorrido ese camino y quiere dedicar una parte central de su vida a la escritura puede encontrar otro grado de exigencia en el Máster del Campus Lolita, pensado para profundizar en el oficio y trabajar con una dedicación mucho mayor. Pero no necesitas saber de antemano cuál es tu lugar. Si dudas entre distintos caminos, puedes hacer el test para saber cuál es tu camino ahora y empezar precisamente por esa pregunta. Y si el problema es económico, también puedes consultar las becas del Campus. Aprender a escribir no debería conseguir que tus textos se parezcan cada vez más a aquello que alguien considera literatura. Debería suceder exactamente lo contrario. Cuanto más aprendes, más capaz eres de reconocer qué decisiones pertenecen a tu libro y cuáles has tomado porque creías que era así como había que escribir. Ese es quizá uno de los momentos más importantes del aprendizaje: cuando dejamos de preguntar cómo se escribe una novela y empezamos a preguntarnos cómo necesita ser escrita esta novela. Ahí comienza una manera propia de escribir.
