El miedo a copiar

El miedo a copiar

Hay un miedo que aparece muy pronto cuando una persona empieza a escribir. Lee una novela que la deslumbra y, casi al mismo tiempo que siente admiración, siente también una especie de derrota. «Nunca escribiré así.» O peor todavía: «Si escribo esto, parecerá que estoy copiando». Es una preocupación comprensible, pero también es uno de los grandes malentendidos de la literatura. Ninguna escritora importante ha aprendido sola. Todas han empezado leyendo con pasión a otras autoras. Todas han sentido el deseo de escribir como alguien a quien admiraban. Todas han probado caminos que no eran todavía los suyos. Y eso no solo no es un problema, sino que forma parte del aprendizaje. El peligro no está en dejarse influir. El peligro está en quedarse ahí. Una influencia es una conversación. Una copia es un lugar donde una decide instalarse para siempre. La diferencia suele aparecer con el tiempo. Cuanto más escribe una autora, más descubre que aquello que parecía una influencia acaba mezclándose con su propia experiencia, con sus preguntas, con su manera de observar el mundo y con su propia sensibilidad. Entonces deja de sonar como otra persona. No porque haya rechazado todo lo que leyó, sino porque ya ha conseguido hacerlo suyo. La literatura siempre ha funcionado así. Ninguna generación empieza desde cero. Todas dialogan con las anteriores. Pero cada buena novela añade algo que antes no existía, precisamente porque nadie puede mirar exactamente desde el mismo lugar que otra persona. En Campus Lolita entendemos la lectura como una conversación constante entre escritoras de épocas diferentes. El Método Mandarina no invita a escapar de las influencias, sino a comprenderlas, agradecerlas y, poco a poco, atravesarlas hasta encontrar una voz que ya no necesite parecerse a ninguna otra. No creemos en la originalidad entendida como extravagancia. Creemos en la autenticidad que aparece cuando una autora deja de preocuparse por sonar distinta y empieza a preocuparse por mirar con honestidad.

Por eso el Recorrido Total Mandarina no busca formar escritoras originales a cualquier precio. Busca formar lectoras profundas que, con el tiempo, descubren que nadie puede escribir exactamente como ellas porque nadie ha vivido exactamente su misma vida. Muchas personas llegan preocupadas porque sienten que todo está escrito. Y tienen razón. El amor, la muerte, la infancia, el miedo o la pérdida llevan miles de años siendo narrados. Lo que nunca ha existido es tu manera de comprenderlos. Esa es la única originalidad que importa. Hay quien necesita descubrir esto antes incluso de empezar un manuscrito y por eso ofrecemos una orientación gratuita, donde hablamos del momento en el que se encuentra, de sus lecturas y de aquello que realmente desea escribir. También existen personas que no buscan hacer literatura, sino utilizar la escritura para comprender mejor su propia experiencia. Los Programas Sanadores Virtuales nacen desde esa misma confianza. Cuando una persona escribe sobre sí misma descubre muy pronto que tampoco necesita inventar nada extraordinario. Basta con atreverse a mirar con sinceridad aquello que solo ella ha vivido de esa manera. Quizá ese sea el aprendizaje más tranquilizador que ofrece la literatura. Nadie espera que inventemos un mundo completamente nuevo. Lo único que la literatura nos pide es algo mucho más difícil y mucho más hermoso: que nos atrevamos a mirar el mundo conocido con unos ojos que nunca antes habían sido exactamente los nuestros.

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