Escribir sin tiempo

Una de las razones más frecuentes para aplazar un libro es pensar que no tenemos tiempo suficiente para escribirlo. Y muchas veces es verdad: trabajamos, cuidamos, resolvemos problemas, hacemos compras, contestamos mensajes, llegamos cansadas al final del día y resulta difícil imaginar de dónde podrían salir dos o tres horas tranquilas para sentarnos a escribir. El problema aparece cuando convertimos esas horas ideales en una condición imprescindible y esperamos a que nuestra vida cambie para empezar. Quizá llegará un verano más tranquilo, quizá cuando las criaturas sean mayores, quizá cuando trabajemos menos o cuando finalmente tengamos una habitación propia y mañanas enteras disponibles. Pero un libro puede quedarse esperando durante años ese momento y la vida, mientras tanto, siempre encuentra otra cosa con la que llenar el espacio. Escribir necesita tiempo, claro, pero no necesariamente el tiempo perfecto que imaginamos. Necesita continuidad, atención y una relación con el texto que podamos sostener dentro de nuestra vida real. Una hora puede ser muchísimo si sabemos qué estamos haciendo con ella. Incluso veinte minutos pueden mantener vivo un proyecto si no tenemos que empezar de cero cada vez que abrimos el documento. En el Campus Lolita sabemos que no todas las personas pueden organizar su vida alrededor de la escritura y por eso los recorridos de escritura parten también de realidades distintas. Aprender a escribir no debería exigir desaparecer durante meses del resto de nuestra vida. Debería ayudarnos a construir una práctica que podamos mantener y a aprovechar mejor el tiempo que realmente tenemos.

El Recorrido Total de Escritura permite avanzar de manera pautada y aprender a trabajar con autonomía, algo especialmente importante cuando nuestro tiempo es limitado. Saber leer lo que hemos escrito, reconocer cuál es el siguiente problema que debemos resolver y entender qué necesita una escena evita que cada sesión de escritura empiece con media hora de desconcierto. Poco a poco dejamos de depender de encontrar una tarde perfecta o de sentirnos especialmente inspiradas y construimos una relación más estable con el trabajo. Otra cosa distinta es decidir que queremos convertir la escritura en oficio y dedicarle una parte central de nuestra vida. Para ese momento existe el Máster del Campus Lolita, un recorrido inmersivo que requiere una dedicación mucho mayor y que corresponde a quien ya ha hecho un camino literario previo. Si no sabes cuál de estas situaciones se parece a la tuya, puedes hacer el test para saber cuál es tu camino ahora y situarte antes de decidir. También puedes consultar las becas del Campus Lolita si el dinero es otra de las dificultades que hacen que sigas aplazando tu formación. No todas podemos escribir cuatro horas cada mañana y no todas necesitamos hacerlo para empezar. Un libro puede crecer lentamente durante mucho tiempo y seguir creciendo. Lo importante es que la escritura tenga un lugar real, aunque sea pequeño, y no únicamente un lugar imaginario reservado para una vida que todavía no tenemos.

A veces decimos que no tenemos tiempo cuando lo que ocurre es también que no sabemos cómo entrar y salir de la escritura sin perder el hilo. Si cada vez que volvemos al manuscrito necesitamos recordar quién era cada personaje, releer cincuenta páginas y preguntarnos durante una hora qué queríamos hacer, una sesión corta parece inútil. Aprender a trabajar cambia esa sensación. Podemos dejar preguntas preparadas, saber qué escena estamos construyendo, detectar qué decisión sigue abierta y volver al texto desde un punto concreto. La escritura deja entonces de depender de grandes bloques de tiempo y empieza a formar parte de la semana. Habrá épocas en las que podremos avanzar mucho y otras en las que apenas escribiremos unas páginas, pero un proceso literario no se mide únicamente por su velocidad. Se mide también por nuestra capacidad para no abandonarlo cada vez que la vida se complica. Esperar a tener tiempo puede significar esperar siempre. Empezar con el tiempo que tenemos, en cambio, permite algo mucho más importante: que dentro de un año no sigamos pensando en el libro que algún día queremos escribir, sino que tengamos delante las páginas de un libro que ya estamos escribiendo.

Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web. Si continúa utilizando este sitio asumiremos que está de acuerdo.