Las decisiones

Las decisiones

Hay una pregunta que casi nunca nos hacemos cuando empezamos a escribir: ¿qué hace realmente una escritora durante el tiempo que dedica a una novela? La respuesta parece evidente. Escribe. Pero no es verdad. Una escritora toma decisiones. Miles de decisiones. Decide dónde empieza una historia y dónde no. Decide quién contará los hechos, qué momento merece una página entera y cuál puede desaparecer en una sola línea. Decide cuándo un personaje debe guardar silencio y cuándo necesita hablar. Decide qué explicará y, sobre todo, qué dejará fuera. Es curioso porque desde fuera parece que una novela nace de la inspiración, cuando en realidad nace de una larguísima cadena de elecciones. Cada libro es el resultado de cientos de renuncias invisibles. Cada vez que una autora dice sí a una escena también está diciendo no a muchas otras. Cada vez que escoge una palabra está descartando todas las demás. Y esa es una de las razones por las que dos personas pueden contar exactamente la misma historia y escribir dos novelas completamente distintas. No cambia la anécdota. Cambian las decisiones. Con los años una descubre que el verdadero oficio de escribir no consiste en tener más imaginación que nadie. Consiste en aprender a tomar decisiones cada vez más conscientes. Al principio elegimos casi por intuición. Más adelante empezamos a comprender por qué una escena necesita respirar más despacio, por qué un personaje debe desaparecer antes de lo previsto o por qué un capítulo entero está ocupando un lugar que en realidad pertenece a otro. La experiencia no elimina las dudas. Lo que hace es enseñarnos a escucharlas mejor. En Campus Lolita entendemos que aprender literatura significa precisamente aprender a decidir. El Método Mandarina no ofrece recetas para escribir novelas porque ninguna decisión importante puede tomarse siguiendo una fórmula. Lo que hace es acompañar a cada autora para que descubra por qué una elección fortalece su libro mientras otra lo aleja de aquello que realmente quiere contar. La técnica sirve para conocer posibilidades. La novela empieza cuando una escritora aprende a escoger entre ellas con libertad.

Por eso el Recorrido Total Mandarina dedica tanto tiempo a conversar sobre los manuscritos. No buscamos únicamente mejorar una página. Buscamos comprender qué decisiones está tomando la autora y si esas decisiones responden de verdad al libro que quiere escribir o únicamente al miedo de equivocarse. Hay personas que llegan convencidas de que necesitan aprender más recursos narrativos cuando, en realidad, lo que necesitan es confiar en su capacidad para decidir. Otras todavía no saben qué camino seguir y por eso ofrecemos una orientación gratuita, porque cada proyecto plantea preguntas distintas y no existe un único recorrido válido para todas las personas que escriben. También existen quienes utilizan la escritura sin intención de publicar una novela. Los Programas Sanadores Virtuales parten de la misma idea. Cuando escribimos sobre nuestra propia vida también estamos tomando decisiones. Elegimos desde dónde recordar, qué significado damos hoy a una experiencia y qué relato queremos seguir sosteniendo sobre nosotras mismas. Escribir siempre implica elegir. Quizá por eso la literatura termina pareciéndose tanto a la vida. Ninguna de las dos nos pregunta si conocemos todas las respuestas. Las dos nos preguntan, una y otra vez, qué decisión queremos tomar ahora. Y la calidad de una novela, igual que la calidad de una vida, suele depender mucho menos de los grandes acontecimientos que de la suma silenciosa de esas pequeñas decisiones que, casi sin darnos cuenta, terminan construyendo todo lo demás.

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