Cuando te cuesta poner límites

Decir que no parece una cosa sencilla hasta que tenemos que hacerlo. Sabemos que algo nos incomoda, que estamos aceptando demasiado, que una relación nos exige más de lo que podemos dar o que necesitamos espacio y, sin embargo, cuando llega el momento de poner un límite aparecen inmediatamente otras voces: quizá estoy siendo egoísta, quizá exagero, no quiero hacer daño, podría aguantar un poco más, qué pensarán de mí. Muchas veces el problema no es que no sepamos dónde está nuestro límite. Lo sentimos perfectamente. El problema es todo lo que nos contamos cuando intentamos respetarlo. Hemos podido aprender que cuidar significa estar siempre disponibles, que querer a alguien implica ceder, que ser buena persona es no molestar o que nuestras necesidades pueden esperar si las de otra persona parecen más importantes. Los Recorridos de Sanación del Campus Lolita no te enseñan una lista de límites correctos ni te dicen cuándo tienes que alejarte, quedarte, hablar o decir que no. El Relato Sanador propone algo anterior: aprender a escucharte para reconocer qué necesitas tú, qué ocurre dentro de ti cuando intentas expresarlo y qué historias aparecen para convencerte de que no tienes derecho a hacerlo. La escritura guiada permite detener esa conversación y verla delante de nosotras, distinguir entre lo que deseamos y lo que creemos que deberíamos desear, entre nuestra propia voz y todas las expectativas que hemos ido incorporando. Porque poner un límite no empieza cuando conseguimos pronunciar un no. Empieza mucho antes, cuando reconocemos que aquello que sentimos también merece ser escuchado.

Un Relato Sanador es un recorrido autónomo e íntimo de tres meses porque cambiar nuestra manera de hablarnos no sucede completando unos cuantos ejercicios. Cada pregunta continúa la anterior y nos permite profundizar sin que nadie interprete nuestros textos ni decida por nosotras cuál debería ser la respuesta. No necesitas saber escribir ni querer hacer literatura. Utilizamos el lenguaje porque es una herramienta que todas tenemos y que puede ayudarnos a conversar con nosotras mismas de una manera mucho más consciente. Si sientes que necesitas aprender a escucharte y proteger mejor aquello que necesitas, pero no sabes desde dónde empezar, puedes hacer el test para encontrar tu camino de sanación y descubrir qué recorrido se acerca más a tu momento. Esta manera de comprender nuestras relaciones sostiene también el Relato Social, legado del Campus, y el Compromiso del Relato Sanador, porque el respeto hacia las demás no debería construirse sobre el abandono de una misma. Aprender a poner límites no significa dejar de cuidar, volverse inflexible ni pensar únicamente en nosotras. Puede significar aprender a incluirnos también en aquello que cuidamos. Escuchar cuándo algo nos hace daño, reconocer cuándo ya no podemos más y permitirnos decirlo sin convertir inmediatamente nuestra necesidad en una culpa. Nadie puede decirte cuáles deben ser tus límites. Pero puedes aprender a escucharte lo suficiente para empezar a reconocerlos tú.

Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestro sitio web. Si continúa utilizando este sitio asumiremos que está de acuerdo.