Hay experiencias que no terminan cuando terminan. Una separación, una pérdida, una enfermedad, una situación de violencia, una etapa de ansiedad, una migración, una humillación o algo que ocurrió hace mucho tiempo puede seguir formando parte de la manera en que nos hablamos. A veces creemos que el problema es que todavía recordamos lo sucedido, cuando lo que continúa haciéndonos daño es el relato que hemos construido alrededor de ello. Nos decimos que tendríamos que haber reaccionado de otra manera, que fue culpa nuestra, que deberíamos haberlo superado ya, que aquello demuestra algo sobre quiénes somos o que no tenemos derecho a sentir lo que sentimos. Y muchas de esas palabras ni siquiera son nuestras. Son palabras del miedo, de la culpa, de la vergüenza, de la rabia o de otras personas que explicaron nuestra historia antes de que pudiéramos explicárnosla nosotras mismas. Los Recorridos de Sanación del Campus Lolita nacen precisamente para trabajar en ese lugar. No son cursos para aprender a escribir ni espacios donde alguien interpreta tu historia y te dice qué significa. Son recorridos íntimos y autónomos de tres meses que utilizan una herramienta que ya tienes, el lenguaje, para ayudarte a volver a conversar contigo misma. El Relato Sanador no te explica quién eres ni pretende cambiar lo que ocurrió. Te propone preguntas para que puedas releerte, comprender qué palabras has utilizado para contarte hasta ahora y descubrir si todavía quieres seguir viviendo dentro de ese relato.
Por eso sanar escribiendo no significa escribir bonito, hacerlo bien ni convertir lo vivido en literatura. Ni siquiera necesitas querer escribir un libro. Significa darte tiempo para escuchar lo que dices cuando hablas contigo y recuperar poco a poco el lugar de narradora de tu propia vida. La metodología se ha construido durante años trabajando con personas que han vivido experiencias muy distintas y no promete una respuesta igual para todas, porque ninguna vida necesita exactamente las mismas preguntas. Si no sabes por dónde empezar, puedes hacer un test para encontrar tu camino de sanación y reconocer qué recorrido se acerca más a lo que estás viviendo ahora. Y este trabajo no termina únicamente en la experiencia individual. El Relato Social forma parte del legado del Campus porque creemos que la manera en que una persona recupera su voz también modifica la forma en que puede escuchar las voces de las demás, y el Compromiso del Relato Sanador lleva esa convicción a acciones educativas y comunitarias. Escribir por la paz y el bienestar no es ingenuo. La paz también empieza en un lugar pequeño y profundamente cotidiano: cómo nos miramos, cómo nos hablamos y cómo nos escuchamos. Un Relato Sanador no quiere que al terminar pienses que alguien te ha cambiado la vida. Quiere algo muy distinto: que reconozcas una voz que siempre había sido tuya y descubras que puedes utilizarla para seguir conversando contigo misma. Porque no te enseñamos a escribir. Te enseñamos a leerte.
Hay experiencias que no terminan cuando terminan. Una separación, una pérdida, una enfermedad, una situación de violencia, una etapa de ansiedad, una migración, una humillación o algo que ocurrió hace mucho tiempo puede seguir formando parte de la manera en que nos hablamos. A veces creemos que el problema es que todavía recordamos lo sucedido, cuando lo que continúa haciéndonos daño es el relato que hemos construido alrededor de ello. Nos decimos que tendríamos que haber reaccionado de otra manera, que fue culpa nuestra, que deberíamos haberlo superado ya, que aquello demuestra algo sobre quiénes somos o que no tenemos derecho a sentir lo que sentimos. Y muchas de esas palabras ni siquiera son nuestras. Son palabras del miedo, de la culpa, de la vergüenza, de la rabia o de otras personas que explicaron nuestra historia antes de que pudiéramos explicárnosla nosotras mismas. Los Recorridos de Sanación del Campus Lolita nacen precisamente para trabajar en ese lugar. No son cursos para aprender a escribir ni espacios donde alguien interpreta tu historia y te dice qué significa. Son recorridos íntimos y autónomos de tres meses que utilizan una herramienta que ya tienes, el lenguaje, para ayudarte a volver a conversar contigo misma. El Relato Sanador no te explica quién eres ni pretende cambiar lo que ocurrió. Te propone preguntas para que puedas releerte, comprender qué palabras has utilizado para contarte hasta ahora y descubrir si todavía quieres seguir viviendo dentro de ese relato.
Por eso sanar escribiendo no significa escribir bonito, hacerlo bien ni convertir lo vivido en literatura. Ni siquiera necesitas querer escribir un libro. Significa darte tiempo para escuchar lo que dices cuando hablas contigo y recuperar poco a poco el lugar de narradora de tu propia vida. La metodología se ha construido durante años trabajando con personas que han vivido experiencias muy distintas y no promete una respuesta igual para todas, porque ninguna vida necesita exactamente las mismas preguntas. Si no sabes por dónde empezar, puedes hacer un test para encontrar tu camino de sanación y reconocer qué recorrido se acerca más a lo que estás viviendo ahora. Y este trabajo no termina únicamente en la experiencia individual. El Relato Social forma parte del legado del Campus porque creemos que la manera en que una persona recupera su voz también modifica la forma en que puede escuchar las voces de las demás, y el Compromiso del Relato Sanador lleva esa convicción a acciones educativas y comunitarias. Escribir por la paz y el bienestar no es ingenuo. La paz también empieza en un lugar pequeño y profundamente cotidiano: cómo nos miramos, cómo nos hablamos y cómo nos escuchamos. Un Relato Sanador no quiere que al terminar pienses que alguien te ha cambiado la vida. Quiere algo muy distinto: que reconozcas una voz que siempre había sido tuya y descubras que puedes utilizarla para seguir conversando contigo misma. Porque no te enseñamos a escribir. Te enseñamos a leerte.
