A veces han pasado meses o incluso años y, sin embargo, algo continúa ocupando demasiado espacio dentro de nosotras. Puede que ya lo hayamos contado muchas veces, que hayamos intentado comprenderlo, que nuestra vida haya seguido adelante e incluso que desde fuera parezca completamente superado. Pero basta una conversación, una fecha, un encuentro o un recuerdo inesperado para que vuelva aquella sensación. No siempre significa que no hayamos avanzado. A veces significa que todavía estamos contando lo sucedido desde un lugar que nos hace daño. Quizá seguimos preguntándonos qué hicimos mal, quizá hemos convertido una experiencia en una definición de quiénes somos o quizá repetimos palabras que alguien nos dijo hasta haber olvidado que nunca fueron nuestras. Los Recorridos de Sanación del Campus Lolita parten de una pregunta muy sencilla: ¿qué ocurre cuando podemos volver a mirar nuestra historia desde nuestra propia voz? No para cambiar el pasado, justificarlo ni obligarnos a encontrar una lectura positiva, sino para comprender qué nos contamos sobre aquello que vivimos y qué lugar ocupa hoy dentro de nuestra vida. El Relato Sanador utiliza la escritura guiada precisamente para abrir esa conversación. No interpreta lo que te ocurre ni decide qué deberías sentir. Te propone preguntas y te da tiempo para responderlas, porque hay cosas que no comprendemos acumulando explicaciones, sino escuchándonos con una profundidad con la que quizá nunca antes habíamos aprendido a hacerlo.
Por eso el recorrido dura tres meses. No porque exista un plazo en el que una experiencia tenga que dejar de doler, sino porque algunas conversaciones necesitan continuidad, silencio y tiempo para asentarse. Cada clase continúa la anterior y poco a poco empiezas a reconocer qué palabras son tuyas, cuáles nacen del miedo, de la culpa o de la vergüenza y cuáles pertenecen a otras personas. Si sientes que algo pesa pero no sabes exactamente qué recorrido podría ayudarte, puedes hacer el test para encontrar tu camino de sanación y empezar por identificar dónde estás ahora. Esta forma de trabajar con la palabra también tiene una dimensión colectiva: el Relato Social es parte del legado del Campus porque recuperar la capacidad de narrarnos también puede transformar cómo comprendemos las historias ajenas, y el Compromiso del Relato Sanador lleva este trabajo a acciones educativas y comunitarias. Un Relato Sanador no promete borrar lo que ocurrió ni conseguir que deje de importarte. Tampoco pretende sustituir otros espacios de cuidado que puedas necesitar. Propone algo diferente: que aquello que viviste no tenga que seguir siendo contado únicamente desde el lugar en el que te hirió. Que puedas volver a mirarlo, preguntarte qué significa hoy y encontrar palabras que realmente te pertenezcan. Porque quizá sanar no sea olvidar una historia. Quizá sea poder contarla sin que esa historia siga decidiendo por ti quién eres.
