Puedes hacer muchas cosas bien y seguir sintiendo que falta algo. Trabajas, cuidas, aprendes, intentas hacerlo mejor, consigues aquello que te habías propuesto y durante un momento quizá incluso estás satisfecha, pero enseguida aparece una nueva medida. Tendría que hacer más, saber más, estar mejor, ser más fuerte, más interesante, más buena madre, mejor pareja, mejor amiga, más productiva, más segura. La sensación de no ser suficiente tiene una característica agotadora: la meta se mueve cada vez que nos acercamos. Si conseguimos aquello que creíamos que demostraría nuestro valor, encontramos otra prueba pendiente. Y con el tiempo podemos dejar de preguntarnos quién decidió qué teníamos que demostrar. A veces esa voz nació en una familia donde el reconocimiento dependía de lo que hacíamos, otras de una relación en la que nunca parecíamos estar a la altura, de experiencias de rechazo, de expectativas sociales o de años comparándonos con modelos de vida que hemos terminado utilizando contra nosotras mismas. Los Recorridos de Sanación del Campus Lolita no buscan responder a esa sensación diciéndote que eres suficiente, porque sustituir una frase por otra no necesariamente transforma la manera en que nos hablamos. El Relato Sanador utiliza la escritura guiada para ir más atrás y preguntarte qué significa para ti ser suficiente, cuándo aprendiste que tenías que demostrarlo, delante de quién sigues intentando hacerlo y qué ocurre cuando imaginas que quizá tu vida no tenga que ser un examen permanente. No te dice cómo debes valorarte. Te ofrece preguntas para que puedas descubrir desde qué voz llevas tanto tiempo valorándote.
Durante tres meses, un Relato Sanador abre una conversación íntima y autónoma contigo misma. Nadie interpreta tus textos ni decide qué conclusión deberías alcanzar y no necesitas saber escribir, porque aquí no estamos haciendo literatura. Utilizamos el lenguaje para poder leer las palabras con las que nos tratamos y distinguir cuáles expresan realmente lo que pensamos y cuáles llevamos años repitiendo sin haberlas elegido. Si sientes que nunca llegas a ser suficientemente buena, fuerte, válida o capaz, pero no sabes desde dónde empezar a trabajar esa sensación, puedes hacer el test para encontrar tu camino de sanación y descubrir qué recorrido puede acompañarte ahora. Esta pregunta sobre quién decide cuánto vale una persona forma parte también del Relato Social, legado del Campus, y del Compromiso del Relato Sanador, porque nuestras medidas de valor no nacen únicamente dentro de nosotras: una sociedad también decide qué cuerpos, vidas, trabajos, orígenes, capacidades y maneras de existir reconoce más que otras. Dejar de sentir que no eres suficiente quizá no consista en conseguir convencerte todos los días de lo contrario. Puede empezar por dejar de presentarte continuamente a un examen cuyo criterio ni siquiera elegiste tú. Preguntarte qué valoras, qué quieres cuidar y con qué palabras quieres mirarte cuando nadie te está puntuando. Porque tu vida no necesita convertirse en una demostración permanente. También puedes aprender a habitarla.
