¿Y si el problema no fuera que no sabes contar lo que te ha pasado, sino que todavía no has encontrado las palabras para hacerlo?
Quizá llevas tiempo pensando en eso que te ha pasado. Quizá has hablado de ello, lo has entendido, has descubierto de dónde vienen algunas cosas, has podido poner nombre a emociones o comportamientos y, aun así, sigues volviendo a ello. Eso no significa que todo lo que has hecho hasta ahora no haya servido. Significa que comprender una experiencia y transformar la manera en que te la cuentas no son exactamente el mismo trabajo. Durante estas doce preguntas no te hemos pedido que buscaras una explicación nueva ni que entendieras mejor por qué te pasa lo que te pasa. Te hemos propuesto volver de otra manera. Has tenido que elegir, observar, buscar palabras, distinguir una cosa de otra, mirar qué aparecía cuando no intentabas llegar a una conclusión y escuchar qué decías cuando la pregunta no era «¿por qué?», sino otra. Quizá has descubierto algo muy pequeño. Una palabra que nunca habías utilizado. Una contradicción. Un detalle que siempre quedaba fuera. Una pregunta que no te habías hecho. Una manera diferente de explicar algo que creías que ya habías explicado muchas veces. Eso es lo que puede ocurrir cuando, en lugar de volver a una experiencia solo pensando en ella, vuelves escribiendo.
Pensar y escribir no hacen exactamente el mismo trabajo. Cuando pensamos, podemos recorrer muchas veces un camino que ya conocemos: una idea lleva a otra, llegamos a una explicación que ya habíamos encontrado y volvemos al principio. Cuando escribimos, el pensamiento queda fuera de nosotras y podemos trabajar con él. Podemos mirar una frase y preguntarnos si es exactamente eso lo que queremos decir, sustituir una palabra, separar dos cosas que siempre habíamos explicado juntas, entrar en una escena que solíamos resumir, escribir desde otro lugar, contradecirnos, descubrir qué no habíamos dicho o darnos cuenta de que la historia que repetimos desde hace años ya no explica del todo quiénes somos ahora. Los hechos no cambian. Lo que puede cambiar es la relación que construimos con ellos cuando encontramos otras maneras de narrarlos.
Esto es lo que trabajamos en los Relatos Sanadores del Campus Lolita. No sustituimos la terapia ni intentamos hacer el mismo trabajo. Utilizamos otra herramienta: la escritura. A través de preguntas y ejercicios guiados, vuelves a lo que vives o has vivido no para que nosotras lo interpretemos ni para que te demos una respuesta, sino para que puedas leerte, escucharte, cuestionar las palabras que has utilizado hasta ahora y encontrar las tuyas. Nosotras no te decimos qué significa tu historia. Te proponemos maneras de escribirla para que puedas descubrir qué significa para ti cuando eres tú quien la narra.
Quizá no necesitas dejar de pensar en ello. Quizá necesitas descubrir qué ocurre cuando eso que tienes en la cabeza se convierte en una página delante de ti.
Si has contestado más veces la respuesta A
Te proponemos los Relatos Sanadores que parten de una experiencia concreta que has vivido o que todavía estás viviendo. Tus respuestas nos hacen pensar que eso que vuelve a tu cabeza está vinculado a algo que ha ocurrido y que, aunque quizá ya lo hayas pensado, hablado y entendido de muchas maneras, sigue habiendo una historia que necesita ser escrita desde ti. No necesariamente porque te falte entender qué ocurrió, sino porque una experiencia no son solo los hechos: también es qué viste, qué sentiste, qué no pudiste decir, qué entendiste después, qué has ido contando sobre ello y qué lugar ocupa hoy en la historia que te cuentas sobre ti misma.
Estos recorridos te permiten volver a esa experiencia sin tener que repetir exactamente el camino que ya has hecho. Escribir te permite entrar por otros lugares, detenerte allí donde hablando quizá pasas deprisa, recuperar detalles, separar tu voz de la de las demás personas y descubrir si la manera en que te lo has contado hasta ahora todavía te sirve. No se trata de cambiar los hechos. Se trata de que los hechos no sean los únicos que decidan cómo continúa la historia.

El duelo
Atravesar la pérdida y aprender a vivir con la ausencia.

Tengo una enfermedad crónica
Aprender a vivir con una nueva realidad
Si has contestado más veces la respuesta B
Te proponemos los Relatos Sanadores que parten de lo que te pasa por dentro, aunque no haya una única experiencia que necesites seguir trabajando. Tus respuestas nos hacen pensar que quizá has comprendido muchas cosas sobre ti misma y, a pesar de ello, siguen apareciendo sensaciones, miedos, necesidades, maneras de tratarte, contradicciones o preguntas que no desaparecen solo porque conozcas su origen.
Estos recorridos te proponen cambiar durante un rato la pregunta «¿por qué me pasa?» por «¿qué pasa cuando me pasa?». La escritura te permite observar sin tener que interpretar inmediatamente, dar espacio a una sensación antes de explicarla, descubrir qué necesitas hoy aunque ya sepas de dónde viene lo que sientes y escuchar qué aparece cuando no buscas una respuesta que ya conoces. Quizá no te falta comprenderte. Quizá necesitas seguir conversando contigo desde el lugar en el que estás ahora.

Tengo miedo
¿Qué espacio ocupa el miedo en tu vida? ¿Qué margen te deja?
Si has contestado más veces la respuesta C
Te proponemos los Relatos Sanadores que parten de la manera en que miras a las demás personas, los vínculos y el mundo que habitas. Tus respuestas nos hacen pensar que una parte de lo que sigue volviendo a tu cabeza quizá no sea solo el recuerdo de lo que has vivido, sino las conclusiones que esa experiencia ha dejado en tu manera de entender la realidad. Qué esperas de las demás personas, qué te cuesta creer, qué consideras seguro, qué has dejado de tolerar, de qué te proteges, qué das por inevitable o qué cosas has empezado a mirar de una determinada manera.
Estos recorridos te proponen poner también esas ideas por escrito y mirarlas. No para convencerte de que estás equivocada ni porque tengas que volver a confiar, perdonar o ver las cosas positivamente, sino para que puedas distinguir qué has aprendido, qué has necesitado pensar para protegerte, qué sigue teniendo sentido para ti y qué quieres revisar. Escribir puede ayudarte a decidir qué parte de lo que has aprendido quieres conservar y desde qué lugar quieres seguir relacionándote con las demás personas y con el mundo.

Contra el racismo estructural. Romper la mirada social que tenemos dentro.
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